—Oh! Seguramente no nos amenaza una desgracia tan grande! —dijo Oliverio —Aun no hace dos horas que estaba tan buena!

Los temores de la Señora Maylie eran por cierto demasiado fundados y lo que habia predicho sucedió. A la mañana siguiente se declararon en Rosa los síntomas de una enfermedad peligrosa.

Es necesario darnos prisa y no perder el tiempo en aflicciones inútiles —dijo la Señora Maylie, apretando la frente con sus manos. —Mr. Losberne debe recibir esta carta lo mas pronto posible. Es preciso llevarla al pueblo vecino, que está á cuatro millas de distancia lo mas, andando por el atajo y de allí remitirla á Chertsey por un expreso á quien encargareis que ande á toda prisa. La gente de la posada se encargarán de ello y á vos os recomiendo que la veais marchar.

Oliverio no pudo responder tal era su afan de alejarse inmediatamente.

—Tomad esta otra! —continuó la señora Maylie con ademan pensativo —Pero no sé si será mejor esperar que el doctor me haya dicho lo que piensa de Rosa... En el caso de haber peligro no quisiera remitirla.

—Es tambien para Chertsey Señora? —preguntó Oliverio alargando su mano trémula para recibir la carta, impaciente como estaba de cumplir su comision.

—No, —contestó la señora entregándosela maquinalmente.

Oliverio echó una ojeada al sobre y vió que era para Enrique Maylie, en casa de un caballero, del cual no pudo descifrar ni el hombre ni el domicilio.

—Queréis que ella parta señora? —preguntó Oliverio mas impaciente que nunca.

—Creo que será mejor esperar á mañana! —dijo la Señora Maylie volviéndola á tomar.