—No me obligueis á responder —dijo Rosa —Esto no es así ni será nunca. No es conveniente para vos apurarme de este modo.

—Si vuestra respuesta debe ser tal como me atrevo cuasi á esperarla —repuso Enrique —ella arrojará un rayo de felicidad sobre mi triste destino. Rosa! En nombre del afecto que os profeso; en nombre de todo lo que he sufrido y de lo que estoy condenado á sufrir por causa vuestra responded á esta sola pregunta!

—Si vuestro destino hubiese sido otro —contestó la jóven —si no hubiese habido una diferencia tan grande entre vuestra suerte y la mia, si hubiese podido haceros la ecsistencia mas dulce y no ser un obstáculo á vuestro adelantamiento en el mundo, esta entrevista hubiera sido menos dolorosa. Tengo motivos para ser feliz... muy feliz ahora; pero entonces Enrique lo hubiera sido mucho mas. No puedo impedirme esta flaqueza; pero mi resolucion no será por eso menos firme —dijo tendiendo la mano á Enrique. —Es preciso que os deje!

—No os pido mas que una cosa —dijo Enrique... permitidme (que dentro un año ó quizá mas pronto) os hable por la última vez sobre este objeto.

—No para apremiarme á que cambie de resolucion —contestó Rosa con una sonrisa melancólica —esto seria inútil.

—No —replicó Enrique —pero para oíroslo repetir si quereis. Entonces pondré á vuestros piés mi posicion y mi fortuna y si persistís en vuestra resolucion os prometo no hacer nada para cambiarla.

—Pues bien sea! repuso Rosa —estos no son mas que nuevos dolores que me preparo, pero en esa época tal vez esté en estado de soportarlos.

Tendió de nuevo su mano á Enrique y se separaron.

Miss Rosa.