—Paréceme que os he visto otra vez —dijo —vestiais entonces otro traje. No he hecho mas que pasar por vuestro lado en la calle; pero creo reconoceros... ¿No habeis sido en otro tiempo pertiguero de esta parroquia?
—Sí —respondió Mr. Bumble algo sorprendido —pertiguero parroquial.
—Justamente. —repuso el otro balanceando la cabeza —Bajo ese traje os ví aquella vez... Qué sois al presente?
—Director de la casa de Caridad, jóven! —replicó Mr. Bumble cargando con énfasis cada una de estas palabras.
—A no dudarlo, tendréis la misma mira que en otro tiempo respecto á vuestros intereses? No es cierto? —preguntó el desconocido fijando sus ojos sobre Mr. Bumble. —No temais responderme francamente. Ya veis que os conozco algo bien.
Paréceme que un hombre casado, puede como cualquiera celibatario ahorrar algunos sueldos máxime cuando esto se hace por medios honrados —respondió Mr. Bumble mirando al otro de la cabeza á los piés con marcada perplejidad. Los agentes parroquiales no tienen que digamos gran cifra de salarios para rehusar algunas ganguillas cuando ellas se les presentan de una manera conveniente.
El desconocido se sonrió balanceando de nuevo la cabeza como para decir que habia adivinado muy bien á su hombre y tiró el cordon de la campanilla.
—Llenad esto! —dijo dando al mozo el vaso de Mr. Bumble —Fuerte y caliente! Creo que es asi como os gusta?
—No demasiado. —contestó Mr. Bumble fingiendo toser con fatiga.
—Muchacho, comprendeis lo que quiere decir esto? —repuso secamente el desconocido.