—Me seria muy difícil deciros donde ella se halla ahora! —respondió Mr. Bumble á quien el grog habia vuelto gracioso. En cualquiera sitio que haya ido, de seguro no hay casa de partos. Con que de una manera ó de otra... se puede hacer una buena apuesta de que está sin empleo.
—¿Qué queréis decir? preguntó el otro con tono severo.
—Que murió el invierno pasado. —contestó Mr. Bumble.
A esta noticia el desconocido le miró de hito en hito. Durante algun tiempo parecia dudar entre si debia alegrarse ó afligirse de lo que acababa de saber.
Mr. Bumble que era muy ladino vió de un golpe que se trataba de un secreto del que la mejor mitad de sí mismo es decir su consorte, era depositaria y que se presentaba para ella una ocasion de ganar dinero revelándolo. Se acordó muy bien de la noche en que la vieja Sally habia muerto y tenia una buena razon para acordarse de ella pues era esa misma noche cuando se habia declarado á la Señora Corney; y á pesar de que esa señora no le hubiese nunca confiado ese secreto de que ella solo tenia conocimiento, sabia él lo bastante para adivinar que dicho secreto tenia relacion á algo que habria pasado entre la madre del jóven Oliverio y la vieja, que en su calidad de enfermera de la casa la habia asistido á sus últimos momentos. Habiéndole acudido súbitamente esta circunstancia en el caletre, informó al desconocido con aire de misterio de que una mujer habia tenido una conversacion con la vieja enfermera, un cuarto de hora antes de que esta se muriese; y que ella podria, (como tenia razones para creerlo), satisfacer su curiosidad respecto á sus pesquisas.
—¿Y cómo la encontraré? preguntó aquel haciéndose traicion asi mismo al descubrir claramente su inquietud.
—Solamente con mi ayuda —respondió este último.
—Y cuándo será esto? esclamó vivamente el desconocido.
—Mañana. —replicó Mr. Bumble.
—A las nueve de la noche —repuso el otro sacando de su faltriquera un pequeño pedazo de papel sobre el cual escribió su direccion.