—Largo de ahí! —replicó el hombre empujándola hácia la puerta —conocemos estos colores! afuera!
—Si salgo de aquí, será porque me llevaréis vos. —dijo vivamente Nancy y os juro que sois poco dos para ello. No hay pues aquí nadie —prosiguió paseando sus miradas alrededor de la sala —nadie que quiera encargarse de una comision para una pobre jóven como yo?
Nancy tuvo que vencer muchas dificultades para llegar hasta Rosa; porque los criados del palacio creian deshonrarse accediendo á sus súplicas. Las criadas la insultaban y los lacayos la miraban con aire de compasion creyéndola una mendiga. Al fin una buena alma de cocinero vino á su socorro y acabó por determinar al ayuda de cámara, á que se dignase ir á avisar á la señorita Maylie; y aun que el orgullo de este se considerase manullado quiso ser condescendiente á la recomendacion de un cofrade.
Al cabo de pocos instantes Nancy oyó un ligero ruido.
Levantó los ojos lo suficiente para notar que la persona que se presentaba, era jóven y hermosa.
Trabajo cuesta el llegar hasta vos señorita! —dijo sacudiendo la cabeza con ademan de indiferencia. —Si ofendida, me hubiese marchado, (como lo hiciera cualquiera otra en mi lugar), algun dia lo hubierais deplorado mucho; pues no faltará motivo.
—Siento en el alma que se os haya recibido mal —contestó Rosa —olvidadlo y decidme que causa os ha incitado el deseo de verme; yo soy la persona que pedís.
El tono amable de esta respuesta, la voz dulce de Rosa y sus maneras afables, exentas de orgullo, llenaron de asombro á la jóven, que prorrumpió en llanto.
—Oh! Señorita —dijo juntando sus manos en ademan suplicante —si hubiera mas personas cual vos, habria menos cual yo; esto es muy cierto!
—Sentaos. —dijo Rosa conmovida —me oprimís el corazon. Si estais en la miseria ó en la afliccion, tendré un gran placer en aliviaros, si está en mi mano. Sentaos...