—No; —dijo Rosa.
—El os conoce mucho á vos —replicó la jóven —y sabe que viviais aquí pues por él he descubierto yo vuestra direccion.
—No conozco á nadie de ese nombre —dijo Rosa.
—Entonces probablemente es un nombre fingido —como lo he sospechado alguna vez —prosiguió la jóven. —Hace algun tiempo (pocos dias despues que Oliverio fué introducido por aquella ventanilla en la casa que habitabais en Chertsey, la noche en que debian robaros), como tenia sospechas sobre ese hombre, escuché una conversacion que tuvo con Fagin en la obscuridad. Por lo que oí, supe pues que Monks el hombre que creia que vos conociais, ya sabeis?...
—Sí, sí; —dijo Rosa, comprendo.
—Supe pues que Monks, habia visto por casualidad á Oliverio, con dos de nuestros muchachos el dia mismo que lo perdimos por primera vez, y que al momento lo habia reconocido por ser el niño que buscaba, (aunque no pueda darme cuenta del porque). Fué concluido entre ellos un tratado por el que, si Fagin volvia á apoderarse de Oliverio, recibiria cierta cantidad de dinero y que recibiria otra mayor si lograba hacer de ese niño un ladron lo que (por razones que ignoro) Monks pareció desear vivamente.
—Con qué fin? —preguntó Rosa.
—Esto es lo que yo no sé. —contestó la jóven —Cuando me inclinaba para oir mejor apercibió mi sombra en la pared, (otras muchas en mi lugar no hubieran podido escaparse tan diestramente sin ser vistas), pero afortunadamente, me retiré inapercibida, y desde entonces no volví á verle hasta ayer noche.
—Y qué pasó entonces?
—Voy á decíroslo, señorita. La noche pasada volvió y Fagin lo llevó al piso superior como la vez primera. Como la vez primera escuché tambien á la puerta y oí á Monks que decia: —Ya veis, las únicas cosas que hubieran podido servir para probar la identidad de este niño, están en el fondo del rio; y la vieja sibila que las recibió de la madre, hace largo tiempo que ha muerto y sus huesos están podridos dentro de su ataud. —Entonces, se pusieron á reir ocupándose, del buen écsito del asunto; y cada vez que Monks hablaba de Oliverio montaba en cólera y decia que á pesar de haberse asegurado el dinero de ese diablillo, hubiera preferido apoderarse de él de otro modo. Porque decia, que buena farza hubiera sido la de anular el testamento del padre arrastrando por todas las prisiones de Londres, á aquel de quien es objeto y que hacia su gloria y luego conduciéndole al patíbulo por un crímen capital! Esto podeis hacerlo aun, Fagin, despues de haber sacado de él toda ventaja en vuestro provecho.