—Dios mio! que es lo que quiere decir todo esto —esclamó Rosa.

—La verdad señorita aunque salga de mis labios —replicó Nancy. Luego añadió con juramentos horribles (familiares á mis oidos, pero enteramente estraños á los vuestros), que si pudiese satisfacer su ódio, acabando con la vida de ese niño sin comprometer la suya, lo haria sin escrúpulo; pero que puesto que tal cosa era imposible, haria los medios para poner trabas á todas sus acciones y dañarle en mas de un caso, y que si Oliverio, intentaba algun dia sacar partido de su nacimiento y de su historia, sabria bien impedírselo: —En fin, Fagin añadió, por muy judío que seais jamás habeis empleado medios semejantes á los que yo voy á poner en práctica para atraer en el lazo á mi hermano Oliverio.

—Su hermano! —esclamó Rosa.

—Estas fueron sus propias palabras —dijo, Nancy mirando con inquietud á su alrededor. (lo que no habia dejado de hacer desde el momento que empezó á hablar; porque la imágen de Sikes la atormentaba contínuamente.) Mas ha dicho: cuando se le ha ofrecido hablar de vos y de la otra señora ha manifestado que era necesario que el cielo ó el infierno se hubiesen mezclado en el asunto, para haber hecho caer Oliverio entre vuestras manos; despues soltó una carcajada y observó que la casualidad, le habia servido aun bien en tal circunstancia —porque, añadió, nombrándoos), que millares de libras esterlinas no daria ella misma, si las tuviera; por saber quien es este perrito faldero que la sigue por todas partes de dos patas!

—Es posible! dijo Rosa palideciendo —Esto no ha podido decirlo sériamente ¿No es cierto?

—Si jamás hombre alguno ha hablado sériamente, fué él en aquel momento —replicó Nancy... No es hombre para chancearse cuando está excitado por la rábia. Conozco algunos que lo hacen peor que él, pero quisiera mas oirles doce veces que él una... Se hace tarde y quiero llegar á casa, sin que se sospeche de que he venido aquí; es preciso pues que me vuelva al momento.

—Pero qué haré yo? —dijo Rosa —Cómo sin vos podré utilizar la revelacion que acabais de hacerme? Volveros! Cómo podeis desear reuniros otra vez con compañeros que pintais con colores tan horribles? Si quereis repetir lo que acabais de decirme á un caballero que está allí, en el aposento vecino, en menos de media hora os conducirá á un sitio donde estareis en seguridad.

—Deseo marcharme —dijo la jóven. Es preciso que me vaya; porque... (como podria confesar tales cosas á una señorita virtuosa cual vos!) porque entre esos hombres de quienes os he hablado hay uno, (tal vez el mas malo y el mas determinado de todos ellos), que yo no puedo dejar... no; aun que fuera para arrancarme de la vida que ahora llevo!

—La sensibilidad que habeis demostrado ya en otra ocasion, tomando el partido de ese querido niño —dijo Rosa —la generosidad de que habeis dado prueba ahora viniendo, con peligro de vuestra vida á decirme lo que habeis oido —vuestras maneras, que me son un garante seguro de la verdad de vuestras palabras, el arrepentimiento evidente y el sentimiento interior de vuestra vergüenza, todo me inclina á creer que podriais aun reformaros... Oh! continuó Rosa juntando las manos mientras que las lágrimas corrian de sus ojos —no rechazeis las solicitudes de una persona de vuestro sexo, la primera, sin duda que jamás os haya hablado con dulzura y compasion! No rehuseis escucharme y dejaos volver al sendero del honor y de la virtud.

—Oh! buena señorita! esclamó Nancy precipitándose á los piés de Rosa —ángel de ternura y de bondad! vos sois en efecto la primera que me ha hecho escuchar estas palabras de consuelo que me penetran el corazon, y si yo las hubiera oido mucho tiempo antes, ellas hubieran podido sacarme del vicio en que estoy sumergida; pero ahora es demasiado tarde! demasiado tarde!