Estos dos viajeros eran un hombre y una mujer (tal vez seria mejor decir un macho y una hembra). El primero de cuerpo largo y endeble, iba montado sobre altas piernas y tenia una de esas fisonomías huesosas, á las cuales es muy difícíl designar ninguna edad exacta; era en fin uno de esos séres que parecen ya viejos cuando son aun jóvenes y que parecen niños cuando empiezan á entrar en edad. La mujer podia tener diez y ocho ó veinte años; pero estaba sólidamente desarrollada y era necesario que fuera así, á juzgar por el paquete enorme que llevaba sobre su espalda sujeto con correas. El de su compañero envuelto en un pañuelo azul y pendiente al estremo de un palo formaba un volúmen muy pequeño.
—Andarás tú? Qué posma eres Carlota!
—Este paquete es pesado como un diablo!
—Pesado! Qué bestialidad! Para qué sirves pues? —dijo aquel cambiando de espalda su paquetillo. —Vaya! Hete aquí otra vez plantada!
—Queda aun mucho trecho? —preguntó la mujer.
—Si queda trecho? Tienes telarañas en los ojos! amor mio! No ves desde aquí las luces de Londres?
—Todavia quedan desde aquí dos millas!
—Y qué! Qué tenemos? Aun que haya dos ó veinte... replicó Noé Claypole (porque era el mismo)... Ea! levántate y al avío sino quieres que con un punta pié te haga entrar en calor.
Como la nariz del Señor Claypole naturalmente colorada se habia vuelto purpúrea de cólera y como se adelantaba hácia Carlota, ésta se levantó sin decir palabra y se puso en marcha.
Carlota fatigada, molida, no pensaba mas que en pararse. A cada momento preguntaba si Noé se detendria pronto papa pasar la noche. Pero maese Claypole era antes que todo hombre prudente; habia formado sus planes y temia los alojamientos que podia proporcionarle su muy graciosa Magestad Británica; por eso desconfiaba de toda posada situada demasiado cerca de la carretera; tenia una preferencia marcada por los barrios mas apartados. Sowerberry se le aparecia como la sombra de Banco. [5] En medio de todos sus temores, no dejaba por ello de hacer sentir su superioridad á Carlota. Esta reconocia y agradecia á su adorado, la confianza ilimitada, que le habia dispensado, dejándola todo el dinero que se habian llevado de la casa de Sowerberry! Pero esta confianza, no era mas que la consecuencia del sistema de prudencia de maese Claypole; habia temido comprometerse en el caso de ser perseguidos y el dinero hallándose únicamente sobre de ella, hubiera podido protestar de su inocencia y escapar tal vez de las manos de la justicia.