—Sabia bien que volveria —repuso la anciana apretándole contra su pecho —Qué hermoso es... y que bien vestido! Parece un señorito! ¿Dónde habeis estado durante este tiempo que me ha parecido tan largo? Ah! siempre su bella carita... pero con todo aun mas pálida... Siempre esos ojos tan dulces, pero mas tristes. Nunca los he olvidado, ni tampoco su sonrisa graciosa. —Dejando que la Señora Bedwin y Oliverio charláran con holgura, Monsieur Brownlow hizo pasar á Rosa á otro aposento y ésta le contó con los mas minuciosos detalles la entrevista que habia tenido con Nancy: lo que le sorprendió é inquietó muchísimo. Despues que le hubo esplicado las razones que la habian impedido hablar de ella, primero á Mr. Losberne, aprobó mucho su prudencia y resolvió tener al instante una conferencia con el doctor. Para lograr pronto la ocasion de ejecutar este designio, se convino que iria al palacio aquella noche misma á las ocho, y que entretanto la Señora Maylie seria informada de todo lo que habia pasado.
La señorita Maylie no habia exagerado la cólera del doctor; pues apenas tuvo conocimiento de la revelacion de Nancy se desató en imprecaciones contra ella y amenazó entregarla á Monsieurs Blathers y Duff. Habia ya tomado su sombrero y se preparaba para ir á encontrar á esos dignos personajes sin considerar cuales podrian ser los resultados de su loco proceder, si Monsieur Brownlow, á pesar de ser tambien muy irrascible, no le hubiese impedido el salir y no hubiese empleado todos los argumentos posibles para hacerle entrar en razon.
—Qué diablos, pues, nos queda que hacer? Será preciso todavía dar las gracias á todos esos vagabundos (machos y hembras) y suplicarles que acepten una centena de libras esterlinas, como una ligera prueba de nuestra estimacion y una débil prenda de nuestra gratitud!
—No digo precisamente esto —contestó Mr. Brownlow sonriendo —pero es preciso obrar con dulzura y con prudencia.
—Dulzura y prudencia! esclamó el doctor —Yo os los enviaré todos á las...
—No digo lo contrario —replicó Mr. Brownlow —y sin duda lo han bien merecido.
Fué muy difícil hacer entrar en razon al doctor, que desde que habia visto á los señores Duff y Blathers parecia tener una confianza sin límites en sus talentos. Pero Mr. Brownlow, habiéndole hecho comprender que de su prudencia dependia la suerte de Oliverio y que un solo paso inconsiderado podia comprometerlo todo y privarle á la vez de la herencia de sus padres y de la esperanza de volver á encontrar su familia, el doctor acabó por conceder que sus arrebatos, podian echarlo á perder todo y que en adelante tendria mas calma. En consecuencia se acordó que los Señores Grimwig y Enrique Maylie formarian parte del comité y que Mr. Brownlow acompañaria á Rosa al puente de Londres, donde debia volver á ver á Nancy; que todo se haria de modo que no se comprometiera á esa desgraciada y que la justicia no seria advertida por temor de que puestos en alerta Nancy no quisiera dar á conocer á Monks.
CAPÍTULO XLI.
UNA ANTIGUA RELACION DE OLIVERIO DANDO PRUEBAS DE UN GENIO SUPERIOR, LLEGA Á SER UN PERSONAJE PÚBLICO EN LA METRÓPOLI.
EL dia mismo en que Nancy fué á encontrar á Rosa Maylie, despues de haber dado á Sikes un brevaje suporífico; dos personas que el lector tiene ya conocidas; pero con las cuales (para mayor inteligencia de esta historia) debe reanudar las relaciones, marchaban hácia Londres por la carretera del Norte.