—Chiton! dijo al ver que esta se levantaba precipitadamente, alarmada por su audacia —Nada temais! Tengo bastante edad, para ser vuestro abuelo... Sois una buena muchacha y os quiero mucho! Ya suben!
En efecto, luego que se hubo echado de un solo salto en su silla, Mr. Brownlow volvió á entrar acompañado de Oliverio, que Mr. Grimwig recibió muy graciosamente y esta satisfaccion del momento hubiera sido por sí sola bastante á Rosa, para recompensar sus desvelos y sus inquietudes, para con su jóven protegido.
—A propósito! hay alguien que no debe ser olvidado! dijo Mr. Brownlow tirando el cordon de la campanilla —Decid á la Señora Bedwin que suba!
La vieja ama de llaves subió en seguida y habiendo hecho una reverencia, esperó en la puerta á que Mr. Brownlow le diera sus órdenes.
—Creo Bedwin que vuestra vista se debilita de dia en dia —dijo éste con tono semi-regañon.
—A mi edad, caballero, no tiene nada de estraño —contestó la buena señora —Los ojos de las personas no mejoran con los años.
—Podria yo decir otro tanto —repuso Mr. Brownlow —pero poneos vuestros anteojos y veamos si adivinais porque os he mandado llamar.
La Señora Bedwin, se puso á registrar en sus faltriqueras para buscar sus anteojos, pero la paciencia de Oliverio no podia estar á prueba contra este nuevo retardo y he aquí porque cediendo al primer impulso de su corazon, se precipitó en los brazos de la buena señora.
—Dios me perdone! —esclamó esta abrazándole —es mi querido pequeñuelo!
—Mi buena Señora Bedwin! —esclamó tambien Oliverio.