—No pediria otra cosa mejor Noé —contestó esta —pero no se encuentran todos los dias alcancias que vaciar.

—Ba! dijo Noé... Algo mas que alcancias hay para vaciar!

—¿Qué quiéres decir? preguntó Carlota.

—Hay faltriqueras, ridículos, casas, coches, el Banco mismo... y que se yo que mas! dijo Noé escitado por el porter.

—Pero tu no puedes hacer todo esto Noé?

—Procuraré asociarme con otros, si hay medio y no tendrán inconveniente en emplearnos de una manera ó de otra... Tu sola vales cincuenta mujeres!

—Oh! que gusto me dá el oirte hablar así —esclamó la muchacha imprimiendo un gordo beso sobre el rostro feo de su compañero.

—Bien, basta ya con esto!.... no te exaltes demasiado por temor de disgustarme, dijo Noé rechazándola con gravedad —Quisiera ser el capitan de alguna cuadrilla... Os los llevaria, á las mil maravillas... y me enmascararia para acecharles... Oh! Esto me convendria bastante!... Y con tal que pudiera encontrar algunos caballeros de ese género, digo que valdria mas que la bicoca de las veinte libras que has soplado á Sowerberry, tanto mas que ni uno ni otro sabemos como deshacernos de ellas.

Despues que maese Claypole hubo manifestado su opinion en tales términos, miró el jarro de cerveza con aire deliberado; y habiendo sacudido su contenido hizo una señal de inteligencia á Carlota y bebió un trago que pareció refrescarle completamente. Se disponia á beber otro, cuando fué interrumpido por la repentina llegada de un estranjero. Este estranjero no era otro que Mr. Fagin quien haciendo un saludo gracioso acompañado de una sonrisa amable al pasar por frente nuestros dos viajeros, se sentó á una mesa cerca de ellos y pidió al astuto Barney que le sirviera algo de beber.

—Hermosa noche á fé mia; si bien algo helada atendida la estacion —dijo Fagin frotándose las manos —Caballero á lo que parece llegais de la campiña?