—Creeria rebajarme teniendo conversacion con él. —respondió el Camastron.
—Teneis algo que decir para vuestra defensa?
—No oís al señor presidente que os pregunta si teneis algo que decir para vuestra defensa? —dijo el carcelero dando un codazo al Camastron que se obstinaba en guardar silencio.
—Os pido mil perdones —dijo este levantando la cabeza con aire de distraccion y dirijiéndose al magistrado. —Es á mi á quién hablais señor pelucon?
—Señor presidente en mi vida he visto un pilluelo tan descarado como este, observó el carcelero —No teneis nada que decir pequeño bagamundo?
—No aquí —replicó el Camastron —porque no es aquí la botica de la justicia. Por otra parte mi defensor está ahora almorzando con el vice-presidente de la cámara de los comunes. Algo tendré que decir en otra parte y él tambien, como mis amigos que son muchos y muy respetables.
—Volvedlo á la prision —gritó el escribano —será juzgado en los prócsimos assises.
—Vamos! dijo el carcelero.
—Voy! contestó el Camastron acepillando su sombrero con la palma de la mano. —Ah! prosiguió dirijiéndose á los magistrados —Os advierto que de nada os sirve el aparecer espantados! Estad muy seguros que no tendria compasion de vosotros por un liart. Algo os escozerá esta partida... no lo dudeis... y ahora rehusaria mi libertad aun cuando os pusierais de rodillas para hacérmela aceptar! Ea! en marcha vos! dijo el carcelero —volvedme á la prision; estoy pronto á seguiros!
Dicho esto el Camastron se dejó cojer por el cuello y siguió ó mas bien marchó lado por lado del carcelero, no cesando de amenazar á los jueces hasta que estuvo fuera de la sala, en seguida alargó la lengua á su guardian con un aire de satisfaccion interior y se encontró otra vez bajo los cerrojos. Despues que el Camastron hubo dejado la sala, Noé fué al sitio en que habia dejado á Bates.