—Ciertamente! —Esto me dá gusto!
—Ah! ah! ah! —hizo el judío alentado por esta observacion —Estais esta noche en vuestro centro Guillermo, completamente en vuestro centro.
—No estoy en mi centro cuando poneis vuestras garras sobre mi espalda —dijo Sikes rechazando la mano del judío —Con qué abajo las patas!
Fagin nada respondió á ese cumplido adulador, pero tirando á Sikes por la manga, le señaló con el dedo á Nancy, que habiéndose aprovechado del momento en que ellos hablaban para ponerse su sombrero, se disponia para salir.
—Nancy! gritó Sikes —qué diablos haces! ¿dónde tienes intencion de ir á esta hora?
—No muy lejos.
—Acaso es una respuesta «no muy lejos!» —repuso Sikes —¿Dónde vas?
—Te digo que no lejos.
—Otra vez! quiéres responder? —preguntó Sikes que empezaba á calentarse. —Te pregunto dónde vas?
—No lo sé —respondió la jóven.