—Pues bien! —dijo Sikes mas por espíritu de contradiccion que porque tuviera ninguna razon para privarle la salida —Siéntate y estate quieta.
—Ya te he dicho que no me encuentro bien! —observó Nancy —Necesito tomar el aire.
—Asoma la cabeza á la ventana y tómalo á discrecion.
—No corre bastante en ella —Necesito tomar el aire en la calle.
—No saldrás á la calle! —replicó Sikes. Dicho esto, fué á cerrar la puerta, metió la llave en su faltriquera y arrancando el sombrero de la cabeza de Nancy, lo arrojó sobre un armario viejo. —Ahora —añadió el bandido —te digo otra vez que te sientes y permanezcas tranquila! ¿estamos?
—Seguramente no seria un sombrero el que me impediria salir! —dijo la jóven palideciendo —Qué significa esto, Guillermo! Sabes lo que haces?
—Levanta mucho el pico! —esclamó Sikes volviéndose á Fagin. —Es preciso que haya perdido el juicio, de lo contrario no se atreveria á hablarme así.
—Tu me obligarás á hacer una trastada! —murmuró Nancy apretando las dos manos sobre su pecho como para retener un grito que iba á escapársele —te digo que me dejes salir al momento!
—No! —esclamó Sikes.
—Fagin decidle que haria mejor en dejarme salir... mucho mejor... ¿Me oyes? gritó Nancy golpeando el suelo con el pié.