—Y bien que mas? continuó, Sikes soltándole y volviendo á su primera posicion.

—Supongamos que ese muchacho... llegára á hacernos traicion... que nos hubiese vendido á todos... descubriéndonos á las personas que tienen un interés en conocernos... que les hubiese dado nuestras señas hasta el menor detalle y dicho en fin el sitio, donde era fácil ensartarnos!.. Qué hariais vos?

—Qué haria yo! —contestó Sikes con un juramento horrible —Lo que haria! Si estuviera aun vivo á mi regreso le romperia el cráneo con el talon de mi bota.

—Y si fuera yo? —Yo que tanto sé y que tantos podria llevar á la horca conmigo!

—No lo sé —repuso Sikes rechinando los dientes y palideciendo de cólera, á la sola idea de que esto pudiera ser. —Haria algo en la prision que me haria meter la camisa de fuerza... ó si se nos juzgaban juntos diria yo solo contra vos, mas que todos los testigos y os haria saltar los sesos ante todo el mundo... No serian la fuerza ni el valor los que me fallarian entonces —Mil rayos!.. murmuró el bandido blandiendo su puño como si realmente fuera á empezar la accion. —Iria de tan buen ánimo que no veriais mas que centellas.

—De verdad?

—De tan verdad como os lo digo... Ensayaos un poco y veréis si guardo pelillos.

—Y si fuera Cárlos, ó el Camastron ó Betsy... ó bien?

—Poco me importa quien sea!.. —repuso Sikes impaciente —Del mismo modo le pagaria su comision.

Fagin fijó de nuevo su mirada en el bandido y haciéndole señal de que guardára silencio se inclinó sobre el colchon en que dormia Noé y sacudió á éste para dispertarlo.