El judío levantó la mano y agitó su dedo con aire misterioso.

—Maldicion! —dijo Sikes metiendo rápidamente su mano en el bolsillo del costado —Se ha vuelto rabioso! Es preciso que me ponga en guardia!

—No, no! —contestó Fagin recobrando el uso de la palabra. —No hay peligro —Guillermo!... No es á vos con quien me las he... Nada tengo que reprocharos.

—Ah! es una gran fortuna! —repuso Sikes mirándole de través y metiendo con ademan ostentoso, su pistola en otra faltriquera... Mucha fortuna para uno de los dos...

—Lo que tengo que deciros, Guillermo —continuó el judío acercando su silla á la del bandido —os hará aun mas efecto que á mí.

—Lo dudo mucho! Hablad pronto, ó Nancy creerá que me he perdido.

—Perdido! —esclamó Fagin —esto no la sorprenderia. Bastante ha trabajado para vuestra pérdida.

Sikes estupefacto procuró leer en los ojos del viejo; pero no pudiendo adivinar por ellos el sentido de este enigma, lo cojió por el cuello y lo sacudió con toda su fuerza.

—Os repito que hableis! —dijo —de lo contrario será que no osais! Viejo infame, abrid vuestra boca y esplicaos claramente! Lo oís?

—Supongamos que este muchacho que está acostado alli.