—Algunos años despues, la madre de Eduardo Leedfort aqui presente vino á encontrarme —interrumpió Mr. Brownlow —Esta mujer padecia una enfermedad incurable, que la iba llevando lentamente hácia la tumba.

—Ella murió al cabo de algunos meses —repuso Monks —despues de haberme revelado todos sus secretos, y de haberme legado el ódio que tenia á esa Inés. Jamás quiso creer que esa jóven hubiese destruido el fruto de su vientre, sino que muy al contrario pensó que sin duda habia parido. Juré la pérdida de ese niño, si alguna vez la casualidad me hacia encontrarlo. Mi madre no se habia engañado; tuve la ocasion de verle, y su semejanza con mi padre me hizo adivinar que era él. Sostuve fielmente mi promesa; habia ya empezado, con el mejor écsito... Ojalá hubiese concluido del mismo modo!.. y sino hubiese sido, vendido por una maldita prostituta...

—¿El medallon y el anillo?.. preguntó Mr. Brownlow dirijiéndose á Monks.

—Los compré á esas personas de que os he hablado —respondió éste.

Mr. Brownlow hizo una señal á Mr. Grimwig quien salió y volvió incontinenti acompañado de los esposos Bumble.

—No me engañan mis ojos!.. —esclamó Mr. Bumble con un entusiasmo afectado. —Si; si es el pequeño Oliverio!..

—Callaos viejo loco! —dijo en voz baja la señora Bumble.

—No puedo dominarme señora Bumble. Yo que lo he educado de una manera completamente parroquial; ¿cuándo le veo rodeado de señoras y caballeros de alto rango no puedo ser sorprendido superlativamente?.. Tengo siempre tanto amor á ese niño, como si fuera mi... mi... mi abuelo! —dijo Mr. Bumble buscando en su caletre una justa comparacion.. Pobre Oliverito!..

—Ea!.. —interrumpió Mr. Grimwig —Tregua á los sentimientos!

—Voy á hacer lo posible para contenerme —replicó Monsieur Bumble —¿Cómo vá de salud Caballero?..