Esta cortesia amistosa iba dirijida á Mr. Brownlow, que acercándose á la respetable pareja, preguntó señalando con el dedo á Monks:

—Conoceis á ese caballero?..

—No —contestó con sequedad la señora Bumble.

—Con qué no le conoceis?..

—En mi vida lo he visto —replicó Mr. Bumble.

—Ni le habeis vendido nunca cosa alguna?

—No nunca —respondió la señora.

—Ni habeis tenido en poder vuestro cierto medallon y cierto anillo, no es así?..

—No ciertamente.

Mr. Brownlow hizo una nueva señel á Mr. Grimwig que desapareció gallardamente, y volvió á aparecer del mismo talante, acompañado esta vez de dos viejas medio paralíticas, que le seguian con paso vacilante.