—Tuvisteis buen cuidado de cerrar la puerta, la noche en que murió la vieja Sally —dijo una de las dos mujeres levantando su mano trémula —pero no por esto nosotras hemos oido menos vuestra conversacion, al través de la rendija de la puerta.
—Ah! ah!.. no os esperabais esto hé?.. —dijo la otra.
—Mirábamos por el ojo de la llave, y hemos visto como le tomabais un papel que tenia en la mano!.. —repuso la primera —Y á la mañana siguiente os espiábamos cuando fuisteis al Monte-Pio.
—Y nosotras sabemos mas que vos en este asunto —añadió la segunda —porque la vieja Sally nos repetia amenudo que aquella jóven habia dicho que sintiendo que no podria soportar sus infortunios... se dirijia á Roma (cuando los primeros dolores del parto la obligaron á detenerse aquí) resuelta á dejarse morir allí sobre la tumba de su amante.
—Deseais ver el administrador del Monte-Pio?.. preguntó Mr. Grimwig dirijiéndose á la puerta.
—No hay de que —respondió la matrona. —Puesto que el caballero ha sido bastante infame para confesar, y vosotros habeis sabido arrancar los gusanos de la nariz de esas viejas brujas, nada mas tengo que decir.
—No —repuso Mr. Brownlow. —Podeis retiraros.
—Espero —dijo Mr. Bumble mirando con aire lastimero á su alrededor —espero que esta desagradable circunstancia, que nada puede ser en si misma, no me privará de mi cargo parroquial?
—Desengañaos! —contestó Mr. Brownlow. —Así debeis esperarlo.
—Os juro que yo no entro para nada en ello! —replicó Monsieur Bumble; despues de haberse asegurado de que la matrona habia salido de la sala.