Esto no es una escusa; vos sois á los ojos de la ley mas culpable que vuestra esposa; porque es razonable suponer que ella ha obrado segun vuestras órdenes.

—Si la ley se mete en semejantes suposiciones —dijo Monsieur Bumble apretando fuertemente el sombrero entre sus manos. —La ley es una necia... La ley no es mas que una vieja solterona... Si fuera casada pensaria de modo muy diferente.

Despues de haber pronunciado estas palabras con tono enfático, hundió el sombrero en su cabeza, metió las manos en las faltriqueras del redingote y se retiró.

—Vos bella señorita dadme vuestra mano —dijo Mr. Brownlow, volviéndose á Rosa. —No tembleis así!.. nada teneis que temer por las pocas palabras que quedan para decir.

—Si se refieren á mi (á pesar de que ignoro en lo que pueden concernirme) —dijo Rosa —dispensadme hoy de oirlas; en este momento no tengo para ello fuerza ni valor.

—Teneis mas firmeza de la que creeis!.. —repuso Monsieur Brownlow, tomándola por el brazo —¿Conoceis á esta señorita?.. —continuó dirijiéndose á Monks.

—Si.

—Jamás os he visto antes de ahora —dijo Rosa con voz débil.

—Pero yo os he visto amenudo! —contestó Monks.

—El padre de la infortunada Inés tenia dos hijas —prosiguió Mr. Brownlow ¿Qué se ha hecho la mas jóven?...