—Cuando murió su padre bajo nombre supuesto sin dejar papel alguno, que pudiera darla á conocer á sus amigos —replicó Monks —la mas jóven, que no era mas que una niña, fué adoptada por unos pobres aldeanos que la criaron como hija suya.
—Proseguid —dijo Mr. Brownlow haciendo señal á la Señora Maylie de que se acercára.
—Vos no pudisteis saber el sitio en que se habia retirado aquel hombre; pero allí donde fracasa la amistad, amenudo el ódio triunfa: mi madre acabó por descubrir la niña despues de un año de pesquisas.
—Y se apoderó de ella, no es cierto?..
—No. Aquellos honrados labriegos eran muy pobres, y tal accion de humanidad les puso aun mas sobre aviso. El hombre acabó por caer enfermo; lo que visto por mi madre les dejó la niña; remitiéndoles una módica suma de dinero que no debia durar mucho tiempo, y prometiéndoles otra mayor que no tenia la intencion de enviarles. Viendo que su estado de miseria no era motivo suficiente para indisponerles contra aquella niña, les contó á su modo la historia de la hermana; diciéndoles que si no ponian mucho cuidado, la muchacha que mantenian, de seguro llegaria á ser como ella; porque procedia de padres sin principios, y era hija ilegítima. Aquellas buenas gentes dieron crédito á todo lo que les dijo mi madre y la niña arrastró una existencia miserable hasta que una señora viuda que habitaba en Chertsey habiéndola visto casualmente, tuvo compasion de ella y la adoptó. Es necesario que exista un destino contrario á nosotros, porque á pesar de todos nuestros esfuerzos, permanecia en casa de aquella señora y fué feliz. Hace dos ó tres años que la habia perdido de vista, y no volvia á verla hasta hace algunos meses.
—La veis ahora?..
—Si, apoyada en vuestro brazo.
—Pero por eso no es menos mi sobrina —esclamó la señora Maylie estrechando la jóven sobre su corazon —no es menos mi querida niña. No quisiera perderla ahora por todos los tesoros del mundo. Mi dulce compañera!.. Mi hija de adopcion!.. Mis mas caras esperanzas!..
—Vos sois la única amiga que tengo en el mundo! —esclamó Rosa pasando sus brazos alrededor del cuello de la señora. —Vos fuisteis para mi la mejor de las amigas, la mas tierna de las madres.
—Tranquilizaos ángel mio! —dijo la Señora Maylie abrazándola con la mayor ternura —y acordaos que hay otros á quienes sois tambien querida.