—Rosa, amada Rosa! —clamó Oliverio —fuisteis para mi una buena hermana, quiere consideraros en adelante no como una tia sino como una hermana idolatrada!..
Permanecieron solos por mucho tiempo. Un golpe ligero en la puerta del aposento anunció que alguien deseaba entrar. Oliverio corrió á abrir, y apartóse al momento para dar paso á Enrique Maylie.
—Lo sé todo! —dijo sentándose al lado de la jóven —No es la casualidad la que me conduce á este sitio —añadió despues de un silencio prolongado —y solo desde ayer sé todo lo que os concierne. Sin duda no ignorais que he venido para recordaros vuestra promesa.
—Un memento —dijo Rosa ¿Lo sabeis todo?..
—Ah!.. Rosa, sois para mi asaz cruel!..
—Oh!.. Enrique!.. Enrique!.. —continuó Rosa prorumpiendo en llanto —quisiera hacer lo contrario y evitarme estos dolores!..
—Pues bien; entonces reflecsionad sobro lo que habeis sabido esta noche.
—Y qué he sabido Dios mio!.. —que el sentimiento de su deshonra ha obrado con tal fuerza sobre mi desdichado padre, que no ha podido soportar su desgracia...
—No; —replicó el jóven reteniendo á Rosa por el brazo cuando iba á retirarse. —Mis deseos, mi porvenir, todo en fin menos mi amor á vos, ha esperimentado un cambio. Al presente no os ofrezco ya un rango distinguido en el mundo; donde ciertas preocupaciones hacen ruborizar á la misma inocencia...
—Qué queréis decir?.. esclamó Rosa con voz entrecortada...