—No lo creais —dijo el hombre meneando la cabeza.

—Adelántate!.. Adelántate! —gritó de nuevo el judío... Poco á poco!.. Poco á poco!.. Mas á prisa! Esto es... así... está bien!..

Los guardianes le separaron al fin de Oliverio y lo rechazaron hasta el fondo del calabozo.

Nuestros visitadores tardaron algun tiempo para salir de la cárcel, porque Oliverio sintió desfallecer su corazon, despues de esta escena horrible, y el dia empezaba á clarear cuando pasaron el umbral. Una multitud de gente estaba ya reunida en la plaza de la ejecucion; las ventanas se veian atestadas de personas que fumaban y jugaban á los naipes para pasar el tiempo, esperando la hora fatal...

CAPÍTULO L.

CONCLUSION.

LOS destinos de los que han figurado en esta obra están ya cuasi fijados, y poco queda que decir al historiador.

Antes de finir los tres meses Rosa Fleming y Enrique Maylie fueron casados en la pequeña iglesia, de la que éste fué el pastor y en cuyo presbiterio se establecieron el mismo dia.

La Señora Maylie vino á vivir con sus hijos para gozar en sus últimos años de la felicidad mas pura que la vejez y la virtud puedan conocer; esto es la de ser testigo de la dicha de aquellos que habian sido constantemente el objeto de sus desvelos.

Despues de una seria liquidacion fueron repartidos por partes iguales entre Oliverio y Monks los restos de la fortuna inmensa, de que este habia sido el único posesor (y que nunca habia aprovechado en sus manos, asi como en las de su madre.) Le tocaban á cada uno un poco mas de tres mil libras esterlinas.