Mientras hablaba, vió á Oliverio y Mr. Brownlow y retrocediendo hasta el estremo del banco les preguntó que le querian.

—Ea Fagin! —estaos quieto —dijo el alcaide. —Ahora caballero —prosiguió dirijiéndose á Mr. Brownlow —si teneis algo que decirle, hacedlo lo mas pronto posible, porque á medida que se acerca la hora se vá volviendo mas furioso.

—Teneis unos papeles que os han sido remitidos para mas seguridad por cierto individuo llamado Monks?.. —dijo Monsieur Brownlow.

—Nada hay mas falso!.. contestó el judío.

—Por el amor de Dios!.. —continuó Mr. Brownlow —no digais esto en el momento que estais á las puertas de la eternidad; confesad mas bien á donde se hallan. Ya sabeis que Sikes ha muerto; que Monks lo ha declarado todo y que no os queda esperanza alguna. Decidme ¿dónde están esos papeles?..

—Oliverio!.. —esclamó el judío haciéndole una señal con la mano —ven acá para que te diga una palabra al oido.

—No tengo miedo —dijo Oliverio en voz baja y soltando la mano de Mr. Brownlow.

—Los papeles en cuestion —dijo el judío atrayendo á si el niño —están en un saquito de tela, en el fondo de un agujero practicado un poco mas allá del cañon de la chimenea —Tengo algo que decirte amigo mio; algo importante que decirte... A fuera!.. á fuera!.. —añadió —Dí que me he dormido y ellos te creerán —No podré salir si obras así... Adelántate!.. Adelántate!.. Esto es! oh, sí, sí, esto es!.. Así saldrémos bien!.. Ahora esa puerta... Si tiemblo al pasar por delante del cadalso, no pares la atencion, y anda siempre como si nada fuera...

—No teneis nada mas que preguntarle?.. —dijo el alcaide dirijiéndose á Mr. Brownlow.

—No; —respondió este —Si supiera que pudiese volvérsele al sentimiento de su posicion!