juzgó prudente parlamentar antes de abrir la puerta. De consiguiente dió por si mismo un puntapié en ella á guisa de exordio, y aplicando sus labios al ojo de la llave dijo con tono grave é imponente.
—Oliverio!
—Abrid esta puerta! —respondió el niño.
—Oliverio reconoces esta voz? —preguntó el pertiguero.
—Si. —repuso Oliverio.
—Y no os da miedo? No temblais, mientras os hablo?
—No. —respondió Oliverio con resolucion.
—Una respuesta tan diferente de la que tenia derecho á esperar y á la que no estaba acostumbrado, desconcertó en gran manera á Mr. Bumble. Dió tres pasos atrás, se empinó todo derecho y paseó alternativamente sus miradas sobre los tres espectadores sin poder proferir una palabra.
—Ya lo veis Señor Bumble! —dijo la Señora Sowerberry —Es necesario que esté loco. Otro muchacho que no poseyera mas que la mitad de su razon, so guardaría muy bien de hablaros de este modo.
—No es la locura señora! —dijo Mr. Bumble despues de algunos instantes de refleccion —Es la comida!