Por quien ó porque nadie lo sabe; pues que en este mismo momento el escribano y el carcelero tosieron con fuerza muy á propósito sin duda; y el primero dejando caer por descuido un voluminoso libro, privó que el resto pudiera oirse.
Entre las numerosas interrupciones y los insultos reiterados de Mr. Fang, Mr. Brownlow procuró relatar el hecho,
observando que en el primer momento de sorpresa corriera trás el niño porque lo habia viste huir. Y —añadió —me atreveré á esperar que en el caso en que el Señor Magistrado considerára á este muchacho sino como ladron al menos como afiliado con ladrones, se dignára obrar respecto á él tan suavemente como se lo permita la justicia? Además está herido y temo mucho —prosiguió, con aire de compasion dirijiéndose á la barra —temo realmente que se encuentra malo.
—Oh! sin duda! Esto se comprende. —Observó Mr. Fang con acento burlon. —Ea tu... pequeño vagabundo! Tus pillerias están cosidas con hilo blanco. A mi no me la pegarás. Como te llamas?
Oliverio procuró responder; pero la lengua se le pegó en el paladar. Estaba horriblemente pálido y todo parecia dar vueltas á su alrededor.
—Como te llamas bribonzuelo? —clamó Fang con voz de trueno —Oficial! Cual es su nombre?
Esta pregunta se dirigia á un inoflelude de chaleco rayado que estaba en pié cerca de la barra. Se inclinó hacia el niño y repitió la pregunta; pero viendo que realmente se hallaba incapaz de comprenderla y sabiendo que su silencio no haria mas que escitar la cólera del magistrado y de consiguiente aumentar la severidad de la sentencia, respondió al acaso: —Se llama Tomás White señor magistrado.
—Ola! no quiere hablar ¿no es esto? —dijo Fang —Muy bien! Donde habita?
—Donde puede señor magistrado. —respondió el digno oficial fingiendo recibir la respuesta de Oliverio.
—Tiene padres? —preguntó Mr. Fang.