—Dice que se le murieron cuando niño. —replicó el otro del mismo modo.
En este punto del interrogatorio Oliverio levantó la cabeza y lanzando á su alrededor una mirada suplicante, pidió con voz moribunda que se le hiciera el favor de un vaso de agua.
—Todo eso son maulerias. —dijo Fang —No pienses cojerme por tonto.
—Señor magistrado creo que verdaderamente se encuentra malo. —dijo el oficial de policía.
—Se algo mas que vos en esta materia —replicó Fang.
—Cuidado señor oficial de policía! —dijo el anciano caballero, estendiendo instintivamente sus brazos —Cuidado!... vá á caer.
—Retiraos de aquí oficial de policía! —gritó Fang con acento brutal —y que caiga si bien le place.
—Oliverio se aprovechó del asiduo permiso y cayó desmayado en el suelo. Los hombres de servicio en la sala se miraron unos á otros pero ninguno osó menearse.
—Sabia bien que lo hácia adrede. —dijo Fang. (como sí este accidente hubiese sido para el una prueba incontestable de su eserto) pero pronto tendría su galardon.
—Que fallais señor? —preguntó en voz baja el escribano.