—Dios mio! —dijo la anciana con las lágrimas en los ojos —Que buen corazoncito! Que agradecido! Qué diria su madre, si despues de haberte vigilado dia y noche como yo lo he hecho pudiera verle ahora?

—Pueda que me vé! —balbuceó Oliverio plegando sus manos. —Tal vez ha estado sentada cerca de mi, señora... Oh! si; me parece haberla visto á mi lado.

—Esto es efecto de la fiebre amigo mio! —dijo la buena señora.

—Es posible —repuso Oliverio con aire pensativo —porque hay mucha distancia de aquí al cielo y si es allí demasiado dichoso para bajar cerca el lecho de un pobre niño! Sin embargo si ella ha sabido que yo estaba enfermo, me habrá compadecido desde allá arriba; porque ella ha sufrido tambien tanto antes de morir! Con todo no puede saber nada de le que me sucede —añadió despues de un momento. de silencio —porque si me hubiera visto padecer, se hubiera puesto triste, y su rostro era tan dulce y risueño cada vez que la he visto en sueños!

La anciana nada respondió; pero enjugando primero sus párpados y luego sus anteojos que estaban sobre la bánova, dió al niño una pocion refrescante y pasándole la mano por sobre la mejilla le encargó estuviera tranquilo en su lecho sino volveria á caer malo.

Oliverio se mantuvo quieto, ya porque queria obedecer en todo á la señora; ya tambien porque estaba completamente fatigado por lo que habia dicho. Pronto se entregó á un sueño reparador del que fué dispertado por la luz de una vela que acercándose á su cama le permitió ver á un señor que le tentaba el pulso consultando al mismo tiempo un grueso reló de oro de tic-tac muy fuerte que tenia en la mano: el cual dijo que lo encontraba mucho mejor.

—No es verdad que os encontrais mucho mejor amiguito? —dijo á Oliverio.

—Si, señor! y os doy gracias! —contestó este.

—Ya se bien que debeis encontraros mejor. —repuso el otro —Teneis apetito no es cierto?

—No señor. —respondió el niño.