—Que... que es esto señorita? —preguntó una de las mugeres.
—Ah señora! —respondió la jóven. —Hace un mes que se escapó de la casa de sus padres (personas muy respetables y buenos jornaleros) y se ha juntado con una banda de ladrones y de mala gente; de modo que su pobre madre es cuasi-muerta de tristeza.
—Pilluelo! —dijo una muger.
—Pequeño salvage! ¿quiéres volverte á tu casa? —añadió otra.
—Esto no es verdad! —esclamó Oliverio sumamente alarmado —Yo no la conozco!.. Yo no tengo ni hermana, ni padre, ni madre! Soy huérfano! Vivo en Pentonville!
—Se ha visto descaro igual! —dijo Nancy.
—Cielos! Nancy! —gritó Oliverio reconociéndola al fin y retrocediendo de espanto.
—Ya lo veis como me conoce! —repuso Nancy recurriendo al testimonio de los presentes. —No puede menos!.. Como honradas gentes que sois ayudadme á llevarlo á nuestra casa, ó sino matará á su padre á su madre y yo me moriré tambien de tristeza!
—Que Diablos sucede aqui? —dijo un hombre saliendo precipitadamente de una taberna seguido de un perro blanco lleno de cicatrices —Oh!.. mil truenos! Es el pequeño Oliverio! Tunantuelo te volverás pronto á tu casa con tu pobre madre?
—Yo no les pertenezco! No les conozco! Socorro! Socorro! —gritó el niño procurando desprenderse de las manos del hombre.