—Ah! gritas socorro! —repuso éste. Pillastron! Yo voy á dártelo el socorro!.. Que significan esos librotes que traes aqui? Sin duda los habrás robado! Dame esto pronto!
Esto diciendo, le arrancó los tomos de las manos y le dió un gran puñetazo en la cabeza.
—Bien hecho! —dijo un hombre que miraba desde la ventana de una guardilla —Este es el único medio de hacerle entrar en razon.
—Sin duda alguna. —esclamó un carpintero medio dormido, dirijiendo una mirada de aprobacion al que acababa de hablar.
—Esto le sentará bien! —dijeron las dos mugeres.
—Por esto cabalmente no quiero que le pase la presente! —repuso el bandido cogiendo á Oliverio por el cuello de la chaqueta y asestándole otro puñetazo —Andarás pillastron? —A mi Cesar! A mi! —prosiguió dirijiéndose á su perro.
Debilitado por la enfermedad que acababa de pasar, aturdido por los golpes y por un ataque tan repentino, espantado por el horrible gruñido del perro y la brutalidad del hombre y anonadado por la conviccion de los presentes que le tomaban por lo que no era ¿que podia hacer el pobre niño en tal circunstancia? La obscuridad de la noche, en semejante barrio hacia todo socorro improbable y toda resistencia inútil. En menos que nada fué conducido con tal rapidez por un laberinto de callejuelas sombrias y estrechas que los pocos gritos que osó proferir no fueron oidos, y aun que lo hubieran sido nadie habia á quien pudieran llamarle la atencion...
Los faroles estaban encendidos por todas partes; la Señora Bedwin esperaba con ansiedad á la puerta de la casa; la criada habia corrido veinte veces hasta al cabo de la calle para ver si encontraria á Oliverio y los dos amigos estaban en el salon sin luz, teniendo siempre el reló ante su vista.
CAPÍTULO XVI.
DONDE FUÉ Á PARAR OLIVERIO DESPUES DE HABER SIDO RECLAMADO POR NANCY.