—Te sucederá una desgracia! —repuso el judío excitado por estos reproches —Algo peor que esto si dices una palabra mas!

La jóven calló; pero arrancándose los cabellos y rasgando sus vestidos en un exceso de rabia se precipitó sobre Fagin y probablemente le hubiera dejado señales de su venganza si Sikes no se hubiere interpuesto entre ambos cojiéndola por los puños. Hizo algunos esfuerzos para desacirse y se desmayó.

—Está bien ahora! —dijo Sikes arrastrándola hasta un rincon del aposento —Cuando se irrita hasta tal punto tiene en los brazos una fuerza asombrosa!

El judío se enjugó la frente y sonrió de contento al verse libre de una escena tan trájica; á pesar de que él, Sikes, los muchachos y él mismo la debieron considerar como un percance inseparable de sus asuntos.

—No conozco nada peor que tenérselas que haber con las mugeres. —dijo el judío volviendo la estaca á su sitio. —Sin embargo poseen cualidades recomendables y nos son muy útiles en nuestra profesion. Cárlos, lleva Oliverio á la cama.

—Creeis papá Fagin que hará muy bien en no ponerse mañana estos vestidos tan nuevecitos y tan pulcros? —preguntó Cárlos guiñando los ojos con malicia.

—No faltaba mas! —contestó aquel haciendo una mueca de inteligencia á su educando.

Maese Bates muy satisfecho en apariencia de la comision que se le confiaba, tomó el palo hendido que servia de candelero y condujo á Oliverio á una pieza vecina donde habia dos ó tres camas en una de los cuales habia ya dormido el pobre niño. Allí con carcajadas insolentes enseñóle los mismos harapos que habia creido no volver á ponerse jamás, y al mismo tiempo le esplicó como por medio del judío que los habia comprado, el viejo Fagin descubriera el lugar de su retiro.

—Quítate esto! —dijo —Yo lo entregaré á Fagin para que lo guarde. Dios de Dios! y que buena farza!

El desgraciado huérfano se sometió de mal talante, y maese Bates despues que hubo rollado y puesto bajo su brazo el vestido nuevo de aquel, se fué llevándose la vela y cerrando la puerta con llave.