—¡Atención todos!—gritó la tabernera.—¡Escuchadle!

Defarge había quedado en el umbral, contemplando el mar de ojos abiertos y de bocas más abiertas todavía que llenaba la calle. Las personas que había dentro de la taberna se pusieron en pie.

—¡Habla, Defarge!—repuso la tabernera.—¿Qué pasa?

—¡Noticias del otro mundo!

—¿De veras?—preguntó su mujer, poniendo en sus palabras fuerte entonación sarcástica.—¿Del otro mundo?

—¿Os acordáis todos de aquel individuo llamado Foulon, que dijo al pueblo hambriento que comiera hierba, y que procurase morirse pronto y largarse a los infiernos?

—¡Sí...!—gritaron las turbas al unísono.

—A él se refieren mis noticias. Lo tenemos entre nosotros.

—¡Entre nosotros!—rugieron todos.—¿Muerto?