—¡Chócala!

Los dos interlocutores cambiaron un apretón de manos.

—¿No hay comida?

—Cena nada más—respondió el caminero con cara de hambre.

—Es la moda—gruñó el desconocido.—No encuentro a nadie que coma. Seguidamente sacó una pipa ennegrecida, la cargó y encendió, y a continuación, dejó caer sobre ella algo que tenía entre los dedos pulgar e índice. De la pipa brotó una llamarada y una nubecilla de humo.

—¡Chócala!—exclamó el peón caminero, después de observar con mirada atenta las operaciones referidas.

Los interlocutores cambiaron el segundo apretón de manos.

—¿Esta noche?—preguntó el caminero.

—Esta noche—contestó el desconocido, llevando la pipa a la boca.

—¿Dónde?