Más interesado que nunca, y no poco agitado, preguntó Lorry:
—¿Viene usted de parte del doctor Manette?
—Sí; vengo de parte del doctor Manette.
—¿Y qué dice? ¿Me envía algo?
Defarge puso en la mano que anhelante le tendía Lorry un pedazo de papel, que contenía las palabras siguientes, escritas de puño del doctor:
«Carlos sin novedad, pero no puedo yo abandonar el sitio en que me encuentro. He logrado que el portador de esta lleve dos líneas de Carlos para su mujer. Haga que el dador se vea con mi hija.»
Estaba fechada la misiva en La Force una hora antes.
—¿Tiene usted la bondad de acompañarme a la casa en que reside la esposa de Carlos?—preguntó Lorry, sin ocultar la alegría que la lectura del billete le había producido.
—Sí—contestó Defarge.