—Se le figuraba... ¿qué?—replicó la señorita Pross.—¡Alguna sandez sin duda!

Lorry no contestó.

—¿Cómo está usted?—preguntó entonces la dama con voz dura, bien que sin malicia ni ánimo de ofender.

—Muy bien, gracias... ¿y usted?

—Descontenta a más no poder.

—¿Será posible?

—¡Y tan posible! Me saca de mis casillas lo que ocurre con la señorita Lucía.

—¿Será posible?

—¡Pero hombre de Dios! ¿No ha aprendido más que esas dos palabras que me coloca a cada paso? ¡Será posible!... ¡Un poco de variación, si no quiere acabar de desesperarme!

—¿De veras?—preguntó Lorry, enmendándose.