En 1527 salió de España la expedición más desastrosa que se envió al Nuevo Mundo; expedición notable únicamente por dos cosas, fué tal vez la más desgraciada de que hay historia, y condujo al hombre que supo ser el primero en cruzar el Continente americano, el cual hizo verdaderamente una de las más asombrosas marchas a pie que se han realizado desde que el mundo es mundo. Pánfilo de Narváez, que tan vergonzosamente fracasó cuando fué a arrestar a Cortés, mandaba la expedición con autoridad para conquistar la Florida, y su tesorero era Alvaro Núñez Cabeza de Vaca. En 1528 desembarcó esa compañía en la Florida, y empezó desde luego una serie de horrores que ponen los pelos de punta. Los naufragios, los indígenas y el hambre causaron tal destrozo en la malhadada compañía, que cuando en 1529 los pieles rojas hicieron esclavos a Cabeza de Vaca y tres de sus compañeros, eran éstos los únicos supervivientes de la expedición.
Vaca y sus compañeros anduvieron al azar desde la Florida hasta el Golfo de California, sufriendo increíbles peligros y tormentos, y llegando allí después de andar errantes durante más de 8 años. El heroísmo de Cabeza de Vaca recibió su galardón. El rey le hizo gobernador del Paraguay en 1540; pero resultó tan inepto para este cargo como lo fué Colón para el de virrey, y no tardó en volver cargado de cadenas a España, donde murió.
Pero la relación que publicó de cuanto vió en ese pasmoso viaje (porque Vaca era un hombre educado y dejó dos libros muy interesantes y valiosos), hizo que sus compatriotas se determinasen a comenzar con empeño la exploración y colonización de lo que es hoy los Estados Unidos, a construir las primeras ciudades, y a labrar las primeras granjas en el país, que ha llegado a ser la nación más vasta del mundo.
Los treinta años que siguieron a la conquista de Méjico por Cortés, vieron un cambio asombroso en el Nuevo Mundo. En esos años ocurrieron maravillas. Brillantes descubrimientos, exploraciones sin igual, intrépidas conquistas y colonizaciones heroicas se siguieron unas a otras con vertiginosa rapidez; y, a excepción de las bizarras pero escasas proezas de los portugueses en la América del Sur, España fué la única que llevó a cabo esos hechos. Desde Kansas hasta el Cabo de Hornos era todo una vasta posesión española, salvo algunas partes del Brasil, donde el héroe portugués Cabral había sentado la planta en nombre de su país. Se construyeron centenares de poblaciones españolas; escuelas, universidades, imprentas, libros e iglesias españolas empezaban su obra de ilustración en los ignotos continentes de América, y los incansables secuaces de Santiago marchaban siempre adelante. La América, particularmente Méjico, era rápidamente colonizada por los españoles. El desarrollo de las colonias donde había recursos para mantener una población creciente era muy notable en relación a aquellos tiempos. La ciudad de Puebla, por ejemplo, en el Estado mejicano del mismo nombre, se fundó en 1532 y empezó con treinta y tres colonos, y en 1678 tenía 80,000 habitantes, que son veinte mil más de los que tenía la ciudad de Nueva York ciento veintidós años después.
VII
ESPAÑA EN LOS ESTADOS UNIDOS
Cortés era todavía capitán general cuando llegó Cabeza de Vaca a las colonias españolas, después de su correría de ocho años, portador de noticias de países extranjeros situados más al norte; pero Antonio de Mendoza era virrey de Méjico y superior a Cortés en jerarquía, y entre él y el conquistador traicionero había interminables disensiones. Cortés trabajaba para sí mismo; Mendoza, para España.
A medida que en Méjico se hacían más espesas las colonias españolas, la atención de los inquietos exploradores de mundos empezó a dirigirse hacia los misterios del vasto y desconocido país situado más al norte. Las cosas raras que Vaca había visto, y las más raras aún de que había oído hablar, no podían menos de excitar la curiosidad de los intrépidos aventureros a quienes las contaba. Lo cierto es que antes de un año de haber llegado a Méjico el primer viajero transcontinental, habían descubierto sus compatriotas dos más de nuestros actuales Estados como resultado directo de sus narraciones. Y ahora llegamos a uno de los hombres más calumniados de todos: Fray Marcos de Nizza, descubridor de Arizona y Nuevo Méjico.