17 de octubre.
Después de abundantes lluvias, un torrente amplio y rápido, alimentado con todos los arroyos y barrancos, desciende desde lo alto de las montañas, cae con el ruido del trueno, se lanza furioso en la llanura, la llena de espanto y de desastre, destroza, invade, devora todo lo que se opone a su paso, y, arrastrando en su loca carrera árboles arrancados de raíz, rocas y ruinas, rueda y se precipita rugiendo en el Salza.
Si sobre esos bordes veis un grupo de álamos que opone dulcemente su tranquila majestad a la agitación vehemente de la corriente, nuestro espíritu no puede por menos que entregarse a pensamientos graves y religiosos, y meditáis tristemente sobre esas vanas grandezas del mundo que aparecen de pronto, como esos torrentes, sin que se conozca el origen, que, como él, pasan entre estrépitos y devastaciones y como él se pierden en el abismo.
En cuanto a mí, sonrío con piedad ante los cuidados pueriles que el hombre siente, mientras que el tiempo arrastra en su porvenir siempre naciente el corto presente de que gozan; y al considerar que la vida no es más que un momento que huye en medio de la inmensa eternidad, siento que mis penas disminuyen.
19 de octubre.
Esta noche me encontraba en esa situación indefinible que no tiene casi nada de la actividad de la vida, pero que tampoco es el sueño. Creí oír una música muy melodiosa, de una expresión suave y conmovedora, y cuyos sonidos eran modulados con tanta dulzura, que ni siquiera el arpa los hubiera podido producir más tiernos y más seductores. Se hubiera dicho que era un concierto angélico, pero su armonía inconstante y caprichosa no multiplicaba mis alegrías más que para multiplicar mis pesares; apenas había conseguido retenerla, cuando me escapaba de nuevo. En fin, después de una cadencia sollozante que resonó largo tiempo en mi alma, cesó y no oí más que un ruido sordo parecido al de un río lejano. Luego una mano fría se posó pesadamente sobre mi corazón; un fantasma se inclinó hacia mí y pronunció mi nombre con voz penetrante, y yo sentí que el aliento de su boca me había helado. Me volví y creí ver a mi padre, no como era antes, sino como una forma vaga y sombría, pálido, desfigurado, los ojos hundidos, las pupilas sangrientas y los cabellos en desorden; después se alejó, haciéndose cada vez menos distinto y disminuyendo en la oscuridad, como una luz presta a extinguirse. Quise lanzarme en su seguimiento, pero, en el mismo instante, la luz, la voz, el fantasma, todo se desvaneció con mi desvarío y no abracé más que el vacío.
23 de octubre.
Puesto que es verdad que, desde el comienzo de este corto tránsito de la vida, todo lo que vemos a nuestro alrededor no nos deja más que pesares, dichoso el sabio que se envuelve en su manto, se abandona en su esquife y se aleja sin volver los ojos a la orilla. Pero carezco de este difícil valor.
Yo mismo me extraño de las vacilaciones de mi corazón y de la ciega facilidad con que acoge diariamente nuevas quimeras. Todo lo que tiene una apariencia de novedad le seduce, porque sabe que su estado actual es el peor y siempre saldrá ganando con el cambio. Quiere emociones desiguales y diferentes, una manera de ser diversa y fortuita, porque ha observado que el azar le daba mejor resultado que la previsión. No obstante, es tal su inquietud, que en medio de las agitaciones que busca, desea aún el reposo, únicamente, quizá, porque el reposo es una cosa distinta de lo que él experimenta diariamente, pero no tarda en fatigarse del mismo reposo. No ve la dicha más que lejos de él, y, desde que cree haberla visto en alguna parte, rompe, para alcanzarla, los nudos que le atan al lugar donde se encuentra; ¡dichoso si pudiera romperlos todos! ¿Qué ocurre mientras tanto? Antes de haber recorrido la mitad del camino que nos conduce al sitio deseado, el prestigio cesa y el fantasma se desvanece, burlándose de nuestras esperanzas. ¡Dios me preserve de vivir mucho tiempo así!
«¡Acercarme a Eulalia!—decía yo esta mañana—, ¡sí, vivir a su lado! ¡habitar donde ella habita! ¡respirar el aire que respira!» Y, desde entonces, todo lo que veo aquí me importuna.