—Como no he cometido ningún delito, contestó Cecilia muy tranquila, es inútil que me enseñe las borlas y me amenace con su teniente. Déjeme pasar, que no estoy para bromas.
—Sin ver antes esa carita fuera de la manta, no esperes que te deje dar un paso más.
—¿Tengo acaso monos pintados en la cara?
—¡Muchachita! Juégate conmigo y todavía te dan las doce sin campana.
—Yo no me juego, no estoy para juegos. Déjeme ir.
—¿A dónde vas?
—A una parte.
—¿Es cosa de cita?
—Yo no tengo citas con nadie, ni dejaría mi casa por ver al rey de los hombres.
—Quien te oye, segurito que se traga que hablas de veras.