¿Siñó...?

—No lo diga. No se tome ese trabajo la niña; lo sé: fue a pajariar. Yo le daré pajareo. Pero, ¿cómo es que se aparece ahora doña Tomasa suama?

Venga a presentarse a la suamos.

—¡Bueno! Asina se hace. Pero ¿por aónde dentraron ustedes en el barracón?

Po la pueta.

—¿Quién abrió la puerta a la niña?

Naide. Tenía la pueta abieta.

Aquí se remató la paciencia del cómitre.

—Conque estaba abierta la puerta, ¿eh? ¡Ah, pedazo de p...!

Y sin más ni más la pegó tan fuerte bofetón, que la tendió en el suelo aturdida. Mientras ella se ponía en pie, dirigió poco más o menos las mismas preguntas a los cuatro compañeros de la negra y obtuvo poco más o menos idénticas respuestas.