—¿Cómo cuanta?
—¡Uf! Como doce años.
—¡Ojó! La vía de un critiana. ¿Cómo ñama su marío?
—Dionisio.
—¡Dionisia! ¡Dionisia! No mi ricorda. ¿Aónde viva?
—Yo no sé. Por eso lo busco.
—¿Uté no e de la suidá?
—No, no soy de la ciudad. He vivido en el campo más de doce años.
—¡Anjá! ¿Uté deja su marío atrá?
—Yo no lo dejé, mis amos me separaron de él.