Uté e cravo, ¿no?

—Sí, esclava soy por desgracia. Me han tenido desterrada en la Vuelta Bajo por todo el tiempo que le he dicho, y hace pocos días que me trajeron a la ciudad para buscar amo o una persona que me alquile. Aquí en el seno tengo el papel. De tanto guardarlo ya está sucio. He andado de ceca en meca y no he encontrado quien me compre, ni me tome en alquiler. Estoy cansada, aburrida, y ahora busco a mi marido que desapareció de casa en los días de Pascuas.

—Venga colmíga, dijo la carnicera; y mientras subían por la calle del Teniente Rey o Santa Teresa, preguntó:—¿Cómo ñama uté?

—Yo soy María de Regla Santa Cruz, para servir a usted.

¡Ah! ¿Uté e sija de Dolore Santacrú?

—No. Dolores y yo fuimos esclavas de los señores condes de Jaruco. A la muerte del señor Conde, viejo, nos vendieron en pública subasta para pagar las costas de la testamentaría y las deudas. Yo estaba recién casada con Dionisio, y por fortuna nos compró juntos don Cándido Gamboa, comerciante de esclavos de África. Desde entonces no sé de Dolores. ¿La conoce Vd.?

La conoca bien, bien. Dolore vende carne, vende fruta, vende tóo, y Dolore se liberta. Depué, Dolore me saca del barracó. Aquí tiene la jierre entoavía. (Sobre el homóplato derecho se le veían las iniciales G. B. marcadas con un hierro candente) Dolore compra un casite y yo vende carne, vende duse y vende tóo pa elle. Yo trabaja, trabaja y mi liberta tambié. Lo branco mete pleito con Dolore, Dolore mete pleito con lo branco y le ecribán, y le ajobá, y le procuraó y se jué se come le dinero, la casite, tóo que Dolore tien. Dolore se pone loco y ahora elle etá serrá a San Dionisia.

—¡Pobrecita! No sabía su triste suerte. ¡Loca! ¿Qué llama Vd. San Dionisio?

La casa de lo loca que ha jecho la gobernaó.

—Me parece que si las cosas siguen como van, un día de éstos voy a hacerle compañía a Dolores en la nueva casa de San Dionisio.