—Mamita recibía una mesada por conducto de Montes de Oca.
—¡Una mesada! Ahora recuerdo que hace mucho tiempo Montes de Oca le tomó a papá en alquiler esa misma María de Regla, mujer del cocinero, para criar a una niña, hija ilegítima de un amigo suyo. Y he aquí descifrado el por qué de la equivocación de Dionisio. Seguro, se figuró que tú eres la tal niña. Por supuesto, tú no fuiste, pero ¿quién saca al muy bestia del error? Ni habías nacido entonces. Mira tú, después de eso María de Regla crió a Adela por cerca de dos años. Lo que te sé decir es que esa crianza le ha costado muchos disgustos a mamá. Montes de Oca se comprometió a pagarle dos onzas de oro a papá por el precio del alquiler de María de Regla. Sospecho que nunca cumplió, porque él es mal pagador. Hallo, pues, extraño, incomprensible, que Montes de Oca le pasara una mesada a Vds. ¿No sabes tú su origen?
—No entiendo, contestó Cecilia dudosa.
—Quiero decir, repuso Leonardo, que si tú sabes el motivo, la razón, o como se llame, del por qué le pasaban la mesada a tu abuela.
—No lo sé; mejor dicho, no me he puesto jamás a averiguarlo.
—Tú lo sabes y no quieres decírmelo. Lo leo en tus ojos.
—Mal lector es Vd. entonces.
—Niego a pie puntillas que Montes de Oca pasaba la mesada por cuenta propia.
—También lo niego yo.
—¡Ah! ¿Ves? Tú sabías y me lo negabas.