—Vd. no me preguntó eso. Vd. me preguntó que si yo sabía el origen o el motivo de la mesada, y todavía estoy en ayunas. Lo único que sé es que Montes de Oca la pasaba por cuenta de un amigo...

—Que tú conoces. ¿No? la interrumpió Leonardo.

—De vista, contestó Cecilia a medias.

Su nombre.

—¡Ay! Ese se queda para el curioso lector.

—Dilo, dilo, la instó el joven cogiéndole la mano. No deseo saberlo por mera curiosidad, sino por algo que te diré después.

—Vd. lo conoce como a sus manos.

—¿Quién, pues?

—Su padre de Vd.

—¡Mi padre! exclamó Leonardo asombrado de la revelación. ¡Será posible que mi padre lleve la pertinacia....! (Se contuvo y agregó luego:) ¿Estás segura?