Rozándole el brazo a la altura de la telilla, le entró la punta del cuchillo camino derecho al corazón.
CONCLUSIÓN
Lejos de aplacar a doña Rosa el convencimiento de que Cecilia Valdés era hija adúltera de su marido y medio hermana por ende de su desgraciado hijo, eso mismo pareció encenderla en ira y en el deseo desapoderado de venganza. Persiguió, pues, a la muchacha con verdadero encarnizamiento, y no le fue difícil hacer que la condenaran como cómplice en el asesinato de Leonardo, a un año de encierro en el hospital de Paula. Por estos caminos llegaron a reconocerse y abrazarse la hija y la madre, habiendo ésta recobrado el juicio, como suelen los locos, pocos momentos antes de que su espíritu abandonase la mísera envoltura humana.
Por lo que hace a Isabel Ilincheta, desengañada de que no encontraría la dicha ni la quietud del alma en la sociedad dentro de la cual le tocó nacer, se retiró al convento de las monjas Teresas o carmelitas, y allí profesó al cabo de un año de noviciado.
Casada Rosa con Diego Metieses, se esforzó en reemplazar a la hermana mayor en el cariño del padre y de la tía, yendo a morar con ellos en el edén de Alquízar.
La causa criminal formada a Dionisio por el homicidio de Tondá, no vino a fallarse sino cinco años después de los sucesos aquí relatados. El tribunal le condenó a diez de cadena y el célebre don Miguel Tacón le destinó al presidio de La Habana para la composición de calles.
FIN
GLOSARIO
A