—No lo decía por tanto, don Melitón, lo decía para prevenirle contra cualesquier engaño que pudieran practicar con Vd., si se creyese que el reloj era para Vd. u otra persona así... ¿Vd. me entiende?

—Ya, ya, estoy enterado.

—Oiga. Recalque Vd. a Dubois que el reloj es para mí. El me conoce y debe saber que le costaría caro...

—Dar a Vd. gato por liebre, interrumpió el mayordomo. Por sentado que le costaría un ojo de la cara, si tal hiciera el muy bellaco. Demasiado lo sé y lo sabe él.

—Yo no le tengo por bellaco, como Vd. dice; sin embargo, bueno es estar prevenido...

—Porque el soldado prevenido nunca fue vencido, volvió a interrumpir el mayordomo, interpretando a su modo el pensamiento del ama.

—¡Ah! Haga que le pongan en una caja fina, como para un regalo. ¿Entiende Vd.?

—¡Toma que si lo entiendo! Perfectamente.

—Bien. Vaya Vd.

—Volando.