Un lindo cuerpo de seda azul pálido, moldeaba mi talle; y mi cabello, más cuidadosamente ondulado que de ordinario, realzaba mi modesta fisonomía. Una ojeada al espejo me dijo lo que yo sabía, es decir, que con menos de mis 28.600 pesos tendría aún alguna probabilidad de gustar a un pretendiente que no fuese ciego.
Concedido esto a la imparcialidad, me encontré sobre las armas a las dos menos cuarto. En seguida bajé al salón donde encontré a la abuela muy agitada.
—Y bien, Magdalena, ¿te late el corazón?—preguntó la abuela con emoción.
—No, querida abuela, mi corazón está muy tranquilo... El cerebro es otra cosa... Tengo un horrible dolor de cabeza.
—Muy tonta vas a estar, mi pobre Magdalena. Al diablo se le ocurre tener dolor de cabeza en un momento semejante...
—Poco importa, abuela, puesto que no soy ni coja, ni torcida, ni manca, ni muda, ni sorda, y tengo 28.600 pesos de dote... Con esta cifra supongo que no se exige tener ingenio. Por 28.600 pesos tiene una mujer todos los derechos posibles a la tontería.
—¡Siempre tus ideas!... ¡Qué extraña eres!... En fin, explica de una vez lo que quieres...
—¿Lo que quiero?... no hago más que repetirlo, abuela. Desearía, sencillamente, elegir yo misma mi marido... si debo casarme. Quisiera que se me permitiese ver seres masculinos de carne y hueso y aprender a conocerlos de otro modo que de oídas. Mi satisfacción sería completa si un día sintiese en el corazón el estremecimiento preludio del amor y pudiera decirte designándote al que lo hubiera provocado: ese es mi marido, con ese me casaré, no porque tiene el bigote rubio o los ojos de tal color, una fábrica o una fortuna, sino porque me gusta bastante para seguirle para siempre en el dolor como en la alegría...
—¡Qué demencia!—exclamó la abuela consternada.—Esas son ilusiones románticas... La vida no es una novela...
—¿Por qué no?... ¿Qué inconveniente verías en que la vida de dos en el matrimonio fuese una deliciosa novela?... Debe ser una de esas novelas cuya lectura puede permitir una madre a su hija... con tal de que esté bien escrita, entendámonos... Me gusta cuidar el estilo...