Tal es la respuesta que responde a mi campanillazo, cada vez que trato de ver a esta fantástica Francisca.
Es curioso... Creí tener muchas cosas que escribir esta noche, y no me ocurre nada... Estoy distraída... Busco las palabras, y mis ideas se confunden... ¿Qué estará haciendo el señor Baltet mientras yo escribo?...
1.º de marzo.
La de Ribert ha recibido una carta de mi alma hermana, llena de esperanzas para mí. El señor Baltet escribe con todas sus letras:
«Espero que tendré pronto una gran confidencia que hacer a usted, confidencia a que tiene derecho, puesto que está usted un poco en el fondo del secreto que me interesa.»
Genoveva me ha dado broma sobre esto.
—El señor Baltet ha descubierto un sarcófago o alguna moneda muy rara, y quiere participárselo a mi madre... Es muy amable—ha añadido, dirigiéndome una linda sonrisa.
Yo también me he reído... Qué lejos está el señor Baltet de tal asunto de confidencias... Tan lejos como yo...
He podido echar la vista encima a Francisca, durante un minuto. Estaba nerviosa, molesta e impresionable en exceso.
—Sabes—le dije, con toda la exuberancia de mi alegría,—la de Ribert tiene una carta...