—Bien sabes que sí.
Mis besos pusieron fin a la conversación.
Como el señor Baltet no sea un buen nieto para la abuela, estoy pronta al divorcio... Cuidado con el papel sellado...
9 de marzo.
Por fin ha habido una carta suya, dirigida esta vez al padre Tomás, a propósito de un volumen que no se encuentra en las librerías... Pero como el volumen me interesa poco, retengo sobre todo la frase en que el señor Baltet asegura que su viaje a Aiglemont ha sido su camino de Damasco, y que su sueño dorado sería llamar su mujer a aquella de quien conserva tan profundo recuerdo...
¡Qué bien dicho está!
Cinco veces he leído el famoso pasaje, y, finalmente, para escapar a las miradas maliciosas del padre Tomás, me he arrojado llorando en los brazos de la abuela.
El cura se quedó un poco sorprendido por esta conclusión imprevista.
—¡Cómo!... ¿Lágrimas?...—murmuró levantando las gafas para ver mejor.
—Sí—respondió la abuela,—esta niña está muy sensible...