— No — respondió con franqueza el mesklinita —. No quiero que ninguno de ellos me vea a mí tan asustado como pienso que estaré.

— Me sorprendes, capitán — comentó jovialmente Lackland. — Sin embargo, entiendo tus sentimientos, y te aseguro que el cohete no pasará por encima de ti. Si esperas junto a la pared de mi domo, dirigiré al piloto por radio para cerciorarme de ello.

— Pero ¿cuánto se acercará?

— Pasará a bastante distancia, te lo prometo. No sólo por tu comodidad, sino por mi seguridad. Para aterrizar en este mundo, incluso en el Ecuador, será necesario que el piloto use mucha potencia. No quiero que la descarga me incendie el domo.

— De acuerdo, iré. Como dices, sería una comodidad disponer de más radios. ¿Qué es el «tanque» que mencionaste?

— Es una máquina que me llevará por tierra, de la misma forma que tu nave te llevará por mar. La verás dentro de pocos días, o de pocas horas.

Los amigos del Volador, instalados en la luna interior de Mesklin, habían profetizado correctamente. El capitán, agazapado en la popa, contó sólo diez amaneceres hasta que una claridad en la bruma y una mengua en el viento le indicaron, como de costumbre, que se aproximaba el ojo de la tormenta. Por su propia experiencia estaba dispuesto a creer, como había señalado el Volador, que el período de calma duraría cien o doscientos días.

Con un silbido que habría reventado los tímpanos de Lackland si el Volador hubiera podido oír una frecuencia tan alta, llamó la atención de sus tripulantes.

— Organizaremos dos grupos de caza. Dondragmer encabezará uno, y Merkoos, el otro; cada cual se llevará nueve hombres de su propia elección. Yo permaneceré en la nave para coordinar, pues el Volador nos dará más máquinas parlantes. Iré a la Colina del Volador en cuanto el cielo esté despejado; sus amigos traerán las máquinas de arriba, junto con otras cosas que necesitan, así que todos los tripulantes permanecerán cerca de la nave hasta mi regreso. ¿Acordamos salir treinta días después de mi partida?

— Pero ¿es conveniente que abandones la nave tan pronto? Los vientos aún serán fuertes.