La tensión se había disipado y, una vez más, la sensación de que estaban en las etapas finales de la misión embargó a terrícolas y mesklinitas.
— Si esperas dos minutos, Barl — dijo Lackland, transmitiendo la información que le comunicaba un ordenador—, el sol estará exactamente en la dirección que debes seguir.
Ya te advertimos que no podemos localizar el cohete con una precisión mayor de diez kilómetros; te guiaremos hacia el centro de la zona donde sabemos que está, y tendrás que ingeniártelas desde allí. Si el terreno es similar al que has visto hasta ahora, me temo que tendrás dificultades.
— Quizás estés en lo cierto, Charles. No tenemos experiencia en estos asuntos. Aun así, estoy seguro de que resolveremos el problema. Hemos resuelto todos los demás, a menudo con tu ayuda. ¿El sol ya está en línea?
— Un momento, ¡ahora! ¿Hay algún hito que pueda servirte para recordar la línea hasta que el sol despunte de nuevo?
— Me temo que no. Tendremos que arreglárnoslas como podamos y recibir tus correcciones día a día.
— Es difícil realizar cálculos cuando desconoces los vientos y las corrientes, pero habrá que hacerlo así. Corregiremos las cifras cada vez que podamos enfocarte. ¡Buena suerte!
18 — CONSTRUCTORES DE TÚMULOS
La orientación era un problema, como todos descubrieron de inmediato. Resultaba físicamente imposible viajar en línea recta; cada tantos metros la partida tenía que desviarse para sortear una roca imposible de trepar. La estructura física de los mesklinitas empeoraba la situación, pues sus ojos estaban demasiado cerca del suelo. Barlennan trató de efectuar los desvíos alternando las direcciones, pero no tenía medios para comprobar con precisión la distancia recorrida en cada uno. Casi todos los días, desde el cohete les indicaban que se habían desviado veinte a treinta grados.
Cada cincuenta días se realizaba una comprobación de la posición del transmisor — ahora solo había uno en movimiento, pues el otro se había quedado con el grupo de la cabria— y se calculaba una nueva dirección. Se requería un trabajo de alta precisión, y en ocasiones se presentaban dudas sobre la corrección de un enfoque determinado. Cuando esto ocurría, Barlennan recibía una advertencia y se guiaba por su propio criterio. Algunas veces, si los terrícolas no manifestaban muchas dudas sobre sus hallazgos, continuaba; otras, aguardaba unos días para darles la oportunidad de corregir los datos. Mientras esperaba, consolidaba su posición, redistribuía las cargas y modificaba las raciones de alimentos si lo consideraba necesario. Había concebido la idea de marcar la trayectoria antes de la partida, de manera que una sólida hilera de guijarros indicaba el camino hasta el borde. Pensó en apartar todas las piedras de un sendero y apilarlas a ambos lados, con la idea de construir una carretera; pero eso vendría mas tarde, cuando los viajes entre el cohete varado y la base de aprovisionamiento se hicieran con regularidad.